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EL VEGETARIANISMO SUPONE
RESPETO POR LOS ANIMALES
 
LA CRÍA DE ANIMALES PARA PRODUCIR CARNE:
 
El mito ilusorio de una cría sin crueldad no tiene nada que ver con la realidad. En el caso de los terneros, por ejemplo, se busca que realicen el menor ejercicio posible, para que su carne permanezca tierna, de modo que se reduce su espacio para que no puedan darse la vuelta, y se les sujeta el cuello, bien mediante una cadena o colocándolo entre dos barrotes justo detrás de su cabeza que aprisionan éste. Además, con el mismo fin de lograr una carne pálida y blanda, se les somete a una dieta líquida carente en minerales, para que engorden pero permanezcan anémicos. Ésta les causa graves y dolorosos problemas digestivos, padeciendo diarreas constantes.
En lo que toca a las gallinas, las jaulas de dimensiones reducidas al extremo son la norma (hasta cuatro gallinas son amontonadas en el espacio de un periódico abierto). En estas no pueden hacer ningún movimiento normal (girarse, estirar las alas, tumbarse...) Su estrés es tal que, se llegan a agredir entre si, compitiendo por espacio, lo que lleva a que les corten el pico (que es una parte tremendamente sensible de su cuerpo –semejante a  la carne que tenemos nosotros bajo las uñas). Al igual que ocurre en las granjas peleteras, la rejilla del suelo de éstas daña y mutila sus patas, que sufren heridas y deformaciones hasta el extremo de quedar definitivamente soldadas al metal (de modo que al ir a matarlas se las tengan que arrancar, quedándose las patas incrustadas al suelo). La razón para esto es la de que sus excrementos se amontonen debajo de las jaulas, de modo que estos animales viven literalmente sobre montañas de heces, envenenados por el amoniaco que desde éstas se eleva, al que se une el hedor de compañeras muertas no retirados.
Los cerdos son también enclaustrados en espacios igualmente reducido, para que engorden sin hacer ejercicio, rodeados de barrotes diseñados al tamaño de su cuerpo. A las cerdas destinadas a la cría se les encadena al suelo tumbadas sobre un costado, permaneciendo en la misma posición durante todo el periodo que dura la lactancia.
 
PADECIENDO TODO TIPO DE ENFERMEDADES
 
    La alimentación dada a los animales es pésima, y llega a incluir, entre otros materiales de deshecho, restos de mataderos, y serrín. Su situación es tal que morirían de infecciones múltiples de no ser por la tremenda cantidad de antibióticos y químicos que se les da. De hecho, los animales en las granjas padecen todo un gran número de enfermedades consideradas ya endémicas. Cada poco tiempo sale a la luz pública un nuevo caso: peste porcina, fiebre aftosa, encefalopatía espongiforme... Pero esto es sólo la punta del iceberg. Pasteurelosis, pneumonías, brucelosis, úlceras, lombrices (que suelen terminar formando parte de la carne picada o embutidos, al ser trituradas las partes del organismo animal donde se hospedan) y todo tipo de dolencias respiratorias, digestivas, parasitarias... Todo ello producto de la brutales condiciones a las que se les somete. Por ejemplo, un mal común entre los animales dotados de pezuñas es la laminitis, una enfermedad dolorosísima que hace que éstas, literalmente se les pudran (ha sido descrita como cogerse las uñas con la puerta y luego ser obligado a caminar sobre ellas). El origen de ésta radica en el hecho de que estos animales tengan que estar viviendo y pisando constantemente sobre sus propios excrementos, que como norma no son retirados, y que son una obvia fuente de infecciones. Entre las vacas, otra dolencia común es la mastitis, que ocasiona la inflamación de sus ubres hasta límites extremos, y que junto a su leche salga pus al ordeñarla (de hecho, existe un alto nivel de pus en la leche vendida en las tiendas, que es paliado mediante la introducción de antibióticos y otros fármacos en este producto).
Muchos de los problemas vienen dados por el acelerado crecimiento que se les provoca, que ocasiona que tengan constantes y dolorosas afecciones musculares, coronarias, óseos o en sus articulaciones... Es común, por ejemplo, en el caso de los pollos, que se les rompan los huesos al no aguantar su peso. Por supuesto, todas las enfermedades citadas son tratadas sólo en la medida en que afecten de un modo grave a los consumidores de los animales que las padecen, pero nunca para aliviar el dolor de éstos, que nada importa. Esto quedó claro en el caso de la epidemia de fiebre aftosa durante el pasado año 2001. Tal enfermedad se cura, pero durante unos meses los animales no crecen. Esto motivó que fueran aniquilados –por puros criterios de productividad- hasta 3 millones de animales, muchos de ellos arrojados vivos a fosas comunes y abrasados con cal viva.
 
¿CÓMO TERMINA SU VIDA?
 
    A los mataderos los animales llegan agotados por un transporte en condiciones de total hacinamiento, sin agua y pasando un intenso frío en invierno y calor en verano, al que muchos no sobreviven (y que en ocasiones llega a ser de miles de kilómetros -se mandan animales desde Gran Bretaña o Escandinavia a matar a Francia y Holanda-). La muerte que les espera es igualmente cruenta. Aunque teóricamente los animales deben ser aturdidos antes de que se les mate, en la práctica esto ocurre en casos contados. Los mataderos actuales son verdaderas líneas de producción, en las cuales por un lado entran cerdos, vacas u ovejas (aterrorizados, al oír los gritos de sus compañeros, oler su sangre y ver como son muertos), y por el otro salen sus cuerpos muertos, preparados para ser troceados. Se busca acelerar como sea el proceso de transformación, de ahí que a la entrada se conduzca a palos, con descargas eléctricas o hierros al rojo vivo a los animales que se retrasen (un método para que obedezcan los que son más remisos a avanzar es introducirles estos hierros ardientes en el ojo). El aturdimiento (mediante descargas o con un tornillo disparado a su cabeza) es realizado a toda prisa, con lo que a muchos animales no se les llega a efectuar, de manera que llegan plenamente conscientes al siguiente paso. Éste es su cuelgue boca abajo en la cinta transportadora por las patas traseras (que a menudo se les rompen por el peso) y el corte del cuello. Ahora bien, como también éste se lleva a cabo a toda prisa, se da de nuevo a menudo el caso de que lleguen también conscientes incluso al siguiente eslabón de la cadena. De esta manera, muchos son hervidos (en el caso de los cerdos y pollos) o despellejados (en el de vacas o terneros) cuando aún se encuentran vivos y en completo estado de conciencia. Y éstas no son situaciones puntuales: se dan, repetimos, de modo habitual en los mataderos actuales, en los que se llega a terminar con la vida de un animal cada diez segundos.
 
LA ALTERNATIVA VEGETARIANA
 
    Ante todo esto, cada vez hay más gente que ha rechazado el consumo de estos productos, optando por una dieta vegetariana.  Dentro del vegetarianismo, un primer paso consiste en la adopción de una dieta sin carne, ya sea de animales terrestres -las llamadas carnes "rojas" (mamíferos) y "blancas" (aves)-, o acuáticos -peces, crustáceos, moluscos...-  Otro paso más hacia delante es la del vegetarianismo completo o veganismo, la postura que supone tener más en cuenta a los animales y su sufrimiento, rechazando también el consumo de lácteos o huevos. Las razones para esto incluyen no sólo el brutal abuso (que ya hemos visto arriba), que padecen vacas y gallinas en las granjas industriales y en los mataderos –por cada huevo consumido, una gallina pasa 26 horas en una jaula- sino también el respeto por la vida de las vacas, terneros, gallinas y pollos. Para que den leche, es preciso preñar a las vacas (se realiza artificialmente), y, al nacer, el ternero es separado de su madre (lo que causa un tremendo sufrimiento a ambos) y llevado a su cría y muerte. Y cuando la productividad de la vaca disminuye (a los pocos años) es mandada también ella misma a morir. En lo que toca a las gallinas, también cuando la cantidad de huevos que ponen disminuye se las mata (tanto en una granja industrial como doméstica). Además, cuando los pollos destinados a ser gallinas ponedoras nacen, se les selecciona según su sexo, y a los machos (que, obviamente, no pondrán huevos) se les mata (con ellos se hacen “harinas animales” con los que en ocasiones se ha alimentado a sus propias hermanas). Con lo que por cada gallina ponedora ha muerto un pollito macho poco después de nacer.
La vida de los animales es valiosa para ellos por lo mismo por lo que lo es para nosotros: sólo viven una vez, su completa posibilidad de tener cualquier tipo de experiencia o disfrute es su vida. De ahí que, por encima incluso del sufrimiento, el peor mal que podamos ocasionar a los animales es el de privarles de ella. Así, los motivos son claros para optar por una dieta sin crueldad, que no puede ser encontrada en la búsqueda por métodos de cría menos abusivos, pues (dejando de lado la cuestión de su no viabilidad hoy en día) estos van a continuar ocasionando sufrimiento en menor o mayor medida a los animales, y, especialmente, acabando con todo lo que tienen: su vida.
 
Durante su vida, un consumidor medio de carne come unas 11 vacas,  30 cerdos, 36 ovejas, y 1.100 pollos, seres desamparados y enfermos a los que se ha privado de su madre nada más nacer, de mamar, de hierba, de espacio, de luz, de sus instintos más elementales. Otros animales se comen entre sí, naturalmente ellos no tienen la capacidad de elegir. Pero nosotros sí podemos, estando en nuestra mano escoger la opción que menos sufrimiento innecesario ocasione a nuestro alrededor. Máxime cuando es también la opción más saludable que podemos adoptar. El paso a una dieta vegetariana es mucho más sencillo de lo que parece, y la diversidad de productos disponibles es enorme.

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